14 DE ENERO, 2026

Por Mayte Calva Reyes

Estratega en seguridad psicológica y salud mental ocupacional


¿Qué pasaría si en lugar de luchar contra la ansiedad, aprendiéramos a convivir con ella?

Desde la perspectiva de la Terapia de aceptación y compromiso (ACT), el sufrimiento psicológico no surge de la intensidad de nuestros síntomas físicos, sino de la relación que establecemos con ellos. Como señalan Eifert y Forsyth (2005), el verdadero problema es la evitación experiencial: ese intento deliberado y constante de controlar, suprimir o eliminar las sensaciones internas que nos resultan incómodas.

Piénsalo: ¿cuánta energía has gastado tratando de que la ansiedad desaparezca? ¿Cuántas cosas has dejado de hacer por miedo a que apareciera? ¿Cuántas estrategias has probado para "controlarla"? La paradoja es que, mientras más luchamos contra ella, más poder le damos.

La flexibilidad psicológica

ACT propone un cambio radical: en lugar de intentar eliminar la ansiedad, desarrollamos flexibilidad psicológica. Esto significa aprender a hacer espacio para las emociones incómodas mientras seguimos avanzando hacia lo que realmente nos importa en la vida.

Este proceso implica algunos elementos fundamentales como:

El siguiente poema ilustra este proceso de transformación: el paso de la lucha hacia una relación de aceptación y convivencia con la ansiedad. Cada estrofa representa una etapa del camino que muchas personas recorren.

La piel que habito cuando llegas

A la ansiedad que vienes,

que me llenas de miedo y de dolor,

que adormeces mi corazón,

que alteras mi cuerpo,

que me rompes y trituras los huesos.

Te ensañas conmigo

hasta el punto de querer abrirme la piel,

salir de mí misma,

huir de este cuerpo,

de este lugar,

con tal de no sentirte.

Hoy me pongo frente a ti.

Te miro a los ojos como un acto de valor.

Quiero saber a qué vienes,

qué quieres de mí.

Vienes, quizá, a suplir la falta de amor,

el miedo al abandono,

la vieja herida de la soledad.

Hoy te abro la puerta

y te escucho.

Gracias por ayudarme a sobrevivir,

por recordarme que sigo viva,

aunque duela.

Ahora solo vienes de vez en cuando.

Me rozas con tu escalofrío

en el pecho y en la nuca,

me susurras, bajito:

"Estoy aquí."

Y ya no huyo.

Te reconozco, te siento,

te dejo pasar.

A veces te quedas un rato,

me habitas el pecho,

me enseñas que sigo viva.

Y aunque duelas,

ya no me rompes.

Solo me recuerdas que puedo sostenerme

en la piel que habito cuando llegas.

La piel que habito cuando llegasCC by-nc-nd 4.0 Maria Teresa Calva Reyes

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

Si bien la aceptación es un proceso que quizás podemos comenzar por nuestra cuenta, es importante el acompañamiento terapéutico. Considera buscar ayuda profesional si: